Los Juegos Olímpicos siempre han sido símbolo de hermandad y unión de los distintos paises para conseguir un objetivo: La superación personal del deportista y llevar adelante el orgullo de tu nación.
Parece que ahora eso ha cambiado, los Juegos han quedado en un segundo plano y se le da más importancia a temas políticos que a lo que significa en sí el mayor evento multideportivo del mundo. Evidentemente no hay que olvidar la situació política del Tibet, pero no puede reivindicarse en algo tan solemne como los prolegómenos de las olimpiadas.
La política tiene que quedar al margen. Si hay que demostrar o reivindicar algo, que sea en la competición, que sea demostrando qué se puede hacer aún en estado de inferioridad. Ese es el espíritu de las olimpiadas. Ese es el espíritu que todos debemos llevar dentro, no nos dejemos llevar por actos de vandalismo que solo ensombrecen la grandiosidad del Olimpismo.
¿Acaso no había más motivos para la denuncia y para las protestas que cuando se celebraron los J.J.O.O. en Berlín, en pleno apogeo nazi? Por supuesto que sí, pero no se conocen disturbios ni incidentes previos a la cita olímpica. Se protestó y se reividicó lo tenía que reivindicarse dentro de las mismas pruebas deportivas; los propios deportistas se encargaron de hacer ver al mundo la situación real y que es llo que realmente anhelaba la sociedad.
Dejen la política para los políticos y que los Juegos Olímpcos hagan su función: Unir
lunes, 7 de abril de 2008
Olimpismo a tope
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